Tuesday, September 05, 2006

 
narrativa
LA FELICIDAD

El mismo día que cumplió 27 años, María se dijo a sí misma.-No pienso esperar más. Ahora mismo empiezo a averiguar cómo es ser mujer. Era una vieja aspiración de María, que desde niña tenía esa curiosidad. Así fue como empezó por preguntar en su barrio y le indicaron que tenía que caminar hacia el sur, cruzar una barrera con muchas vías, pasar frente a un enorme tanque de agua, y por allí encontraría un joven que le podía resolver la intriga.María caminó hasta llegar a un lugar que le pareció que se ajustaba a la descripción y llamó en la casa que creyó que era la casa del joven. La primera en salir fue una señora mayor. María se presentó y así conoció a Juana, a quien le dijo el motivo de su presencia.Juana, un poco confundida por la consulta de tan extraña visitante, lo primero que pensó fue que se trataría de alguna débil mental salida del asilo de las monjas meretrices que estaba cerca de allí. No obstante le pidió que esperara un momento y entró a la casa para hablar con su hijo Pedro.-Decile que se vaya, que acá no es, fue lo primero que contestó Pedro al saber el motivo que tenía la visitante.-No seas tonto, dijo Juana, María es tan inocente y está tan interesada, que podemos aprovecharla. Dejalo por mi cuenta. A vos te hace falta una mujer.Dicho esto, volvió hasta donde se encontraba María y le dijo.-Está bien, hemos decidido revelarte tu intriga, a condición de que durante un año contribuyas con todo el trabajo de esta casa. Y María se quedó.Juana era una matrona de tetas elípticas, de cuyo pliegue inferior se adivinaba que emanaba el impetuoso olor a gato de Ceilán o de toro almizclero con que se paseaba por el barrio, con el aire de seguridad que les da a las buenas señoras haberle ofrecido a su novio los primeros servicios sexuales gratis, para continuar cobrándole a de por vida a su marido los servicios siguientes, cada vez menos frecuentes y más desganados y desapasionados.Pasó un año de trabajo intenso, durante el cual María tuvo momentos buenos y de los otros. Al cabo de ese período creyó llegada la hora y actualizó su consulta, pero sin resultado positivo. Le explicaron que no estaba totalmente preparada, que debería continuar en las mismas condiciones un tiempo más. Así pasaron años. No se sabe bien cuántos. El caso es que María le dio hijos, cuidó y mejoró la casa en que vivían, trabajó y aportó a la economía del grupo, hasta que su curiosidad tomó tanta fuerza que Pedro no creyó posible prolongar la situación por más tiempo. Además él ya había progresado bastante con la ayuda de María, que por otra parte ya estaba un poco deteriorada por todo el esfuerzo y tuvo una idea: que su madre, Juana, pusiera fin a la extraña historia.Entonces Juana le indicó a María que tomara una escalera muy alta y subiera al tanque de agua que estaba allí cerca. Sobre el tanque, que abastecía el agua de la población, la gente de ese lugar había construido una jaula para encerrar a Franco a quien acusaban de violador muy agresivo y sádico, atribuyéndole varios delitos que nunca fueron debidamente demostrados. La jaula tenía la particularidad de contar con tres costados y una compuerta interior que la dividía en dos tercios de su superficie, para ser ocupados por Franco, y un tercio libre al cual se accedía por la única puerta de reja en su frente. El cuarto lado de la jaula, el que correspondería al fondo de la misma, estaba completamente libre de reja, pero coincidente con el borde del tanque, de manera que constituía una verdadera invitación de toda hora para que Franco se arrojara y pusiera fin a su vida en pocos instantes. Tal posibilidad no estaba fuera de los planes del prisionero, que de muchas maneras continuaba ensayando el salto al vacío.Penosamente subió María. Muy alto, cerca de las nubes, casi hasta el cielo. Iba llegando lastimada con las aristas, remaches y con la aspereza del material tosco del tanque, hasta que finalmente puso pie sobre su superficie.-¿Ahora que hago?-Debes entrar a la jaula, cerrar la puerta de reja con la llave que ves en la cerradura y arrojármela para que yo pueda tenerla aquí abajo. Dijo Juana al mismo tiempo que retiraba la escalera.-Ya está. Ahí va la llave. Ahora como sigo.-Abre la compuerta para encontrarte con Franco.Juana con esto esperaba que Franco destrozara a María. Que la humillara y seguramente terminaría con su vida. Sin embargo, al ver a María, el forajido la abrazó, le curó las heridas con besos prolongados y María curó las de él, que diariamente le provocaban los picotazos de cuervos, gavilanes y buitres. Se besaron y comprendieron que había llegado el momento de saltar y así lo hicieron. Pero en lugar de caer, se fueron volando hacia la felicidad, mientras María, muy agradecida con Pedro y con Juana por haberle ayudado a conocer el misterio que la había desvelado tanto tiempo, se despedía cariñosamente diciéndoles que habían sido muy generosos al revelarle tanta sabiduría a cambio de tan poco y también chau.EL AUTOREPÍLOGO ACLARATORIO1º Tanto los personajes, como los hechos narrados, son puramente ficticios. Cualquier similitud o parangón con la realidad es absolutamente casual.2º El autor desalienta que las amables lectoras establezcan concordancias entre sus situaciones personales y la historia que se contó.3º El autor no cree que jamás haya ocurrido en la realidad un hecho tan descabellado.4º Existiendo las ciencias concretas; como la matemática; la física o el ikebana y disponiendo de los programas de la televisión como Utilísima o la hora de Mauro Viale, el autor y la empresa editorial no se hacen responsables por las consecuencias derivadas de la lectura de LA FELICIDAD.5º El autor declara no sentirse identificado con el personaje Franco, a quien repudia y conmina a encausarse por la buena senda.6º Vale

 
No quiero ejercer la más mínima influencia sobre tu concepción de la democracia. Simplemente argumento para la defensa de mi propia elección, que en este punto, no coincide con la tuya. En buena hora que sea de ese modo. Después de todo, la verdad es blanca. O sea la verdad probablemente se componga de todos los colores.He comprendido que tu consideras como “verdadera democracia” una sociedad en la que se distingan el conjunto de los hábiles para participar de la puja distributiva por un lado, y por el otro lado los que, fallando en sus condiciones individuales, serán asistidos por un estado protector, que por ese motivo será considerado un estado justo.Tampoco quiero apelar al recurso sencillo de decir que esa idea inocente no se cumple, porque con toda sinceridad te digo que no me interesa.Aquellos que sí creen, cuanto menos deberán luchar para ponerla en vigencia. Lo harán con la tranquilidad de conciencia de atribuir tanta injusticia a que millones de almas en África, Asia, América Latina, todavía se encuentran en un nivel inferior de conciencia y no han adoptado un modelo de sociedad que les proporcione los beneficios del estado benefactor. Con satisfacción observo algunas acciones en esa dirección y observo que se disputa, pero no mucho, “porque altera la digestión”.Pido disculpas por el prejuicio de sospechar que el sector social más beneficiado en el reparto de la riqueza, fomenta la existencia de estados u otros organismos protectores, para neutralizar los reclamos de los desposeídos. Porque cuando hablamos de propiedad, estamos hablando de la propiedad de los medios de producción.También sospecho que los más beneficiados en el reparto de bienes pueden ser considerados honestos porque no violan las leyes, pero en este punto deseo mencionar que además de lo legal, debe considerarse lo legítimo. Sueño que nos relacionemos en términos de legalidad, pero también de legitimidad.Resumiendo, rechazo que la disponibilidad de bienes pase por las manos de los más hábiles para intervenir en la puja distributiva, mientras que para el resto de los mortales se reparta el premio consuelo que distribuye el estado benefactor. Sobre todo porque entre los humildes resplandecen otra clase de valores. Vale decir que estos últimos son mucho más que seres que fallan en sus condiciones individuales, que quedan por esa causa descalificados para competir. Prefiero soñar que entre los más humildes se sueña con la comarca de oro, en la cual no hay ni tuyo ni mío. O se sueña que lo mío es tuyo y lo tuyo es mío. O se sueña el mundo que debería ser.Todo lo dicho ha sido dicho con la debida humildad. Soy consciente de que me dirijo a un profesional que ha sido formado académicamente en las ciencias políticas y no pretendo que mi argumentación tenga más veracidad ni más valor que la tuya, porque la mía la extraigo de poetas canallas. Lo que digo no pasa de ser mi propia obsesión por una causa perdida. Nada más.Jorge Lagorio

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